La inflación que nos espera en España y el IPC

Inflación

La pandemia de COVID-19 ha provocado una recesión poco convencional y tampoco esperamos que la recuperación sea típica. Si bien los principales objetivos de la política son controlar el virus, lograr el pleno empleo y realizar las inversiones necesarias para una recuperación más resiliente e inclusiva, las incertidumbres y los riesgos económicos exigen una atención cuidadosa en el futuro. Un riesgo que el gobierno de España está monitoreando de cerca es la inflación.

¿Cómo nos afecta la inflación en España?

Cuando los economistas y los formuladores de políticas hablan de «inflación», por lo general se refieren al aumento de los precios de las cosas que la gente compra de su bolsillo, siguiendo el índice de precios al consumidor, o IPC, o el cambio en el coste de las cosas que las personas consumen de su bolsillo.

Respecto al IPC, se espera que los datos establecidos a final de año muestren que la inflación aumentó más que desde 1982, cuando España todavía tenía la peseta. En ese entonces, el objetivo era paralizar la demanda empresarial y de los consumidores y enfriar la economía. Hoy en día, las tasas de interés se fijan en casi cero después de que las autoridades económicas recortaran drásticamente los costes de los préstamos personales al comienzo de la pandemia.

Los consumidores de todo el país han notado que la inflación ha sido alta este año, evidenciada por los coches de ocasión más caros, los muebles más caros y las pequeñas subidas de precio en alimentos o bienes de consumo. Lo que se esperaba que fuese transitorio, parece que está por quedarse. Hay muchas diferencias entre 1982 y la actualidad. La inflación había sido baja durante los años previos a 2021, y los bloqueos de la era de la pandemia y la reapertura posterior están detrás de gran parte del aumento de precios actual.

La demanda y las cadenas de suministros

La demanda de los consumidores se disparó justo cuando los cierres progresivos de las fábricas y la reorganización del gasto en bienes de servicios, como los coches nuevos, causaron retrasos en la fabricación y abrumaron los puertos. Es por eso que los gobiernos se sintieron cómodos descartando la alta inflación durante un tiempo: provenía de problemas que parecía probable que finalmente se resolverían por sí mismos.

Pero los aumentos de precios provienen cada vez más de sectores con un vínculo pandémico menos claro y obviamente temporal. Los alquileres, que constituyen una gran parte de la inflación, están aumentando a un ritmo sólido. Al mismo tiempo, las interrupciones en el flujo global de bienes no se están desvaneciendo tan rápido como esperaban las autoridades. Oleadas de virus adicionales han impedido que las fábricas funcionen a toda velocidad en Asia y en otros lugares. Las rutas de envío están obstruidas y los consumidores siguen comprando productos a un ritmo sólido, lo que aumenta los retrasos y dificulta la normalización de la situación.

Importante: Aunque la economía europea es sólida, no debemos perder de vista estas cifras a lo largo de 2022, en especial en lo que concierne a los tipos de interés.

La proyección es que las cosas se normalicen a finales de 2022. Parte del problema es que tratamos la cadena de suministro como si fuera una categoría especial, como alimentos o energía, pero 2020 y 2021 han demostrado que la economía global es un sistema delicadamente equilibrado. Un ejemplo de ello son los chips para coches, que ha retrasado la producción de nuevos vehículos, lo que ha llevado a empresas de alquiler y de segunda mano a subir precios en todos los eslabones.